jueves, 31 de enero de 2013



 

            Las pruebas estandarizadas tienen un efecto sobre la educación... 


La evaluación es sin duda uno de los aspectos más relevantes y determinantes del proceso de enseñanza-aprendizaje, la atención que merece es vital para el desenvolvimiento y desarrollo del proceso que todo alumno lleva a cabo en su formación.  Esto no lo pondrá en duda nadie, sin embargo y del mismo modo, comprendemos que hay necesidades de renovación en este campo, el desafío de posicionar la evaluación con la consideración y en los modos que debe para convertirse en una aliado y no en un obstáculo para la enseñanza y este,  creemos, es un aspecto relevante, pues la impronta del positivismo y su particular modo de comprender la evaluación viven anclados en ámbitos que van más allá de los mismos centros educativos,  están en la familia, la comunidad y las instituciones gubernamentales, que no cían en la idea de calificar, medir y  comparar confiando que a partir de ello se pueden establecer mejoras educativas, depositando su fe, en el caso de los objetivos de un gobierno,  en la mejora de la calidad a partir de parámetros comparativos. La evaluación es más que eso, comprendida en la medida que es capaz de provocar en el alumno avances en sus aprendizajes, de acuerdo a su condición particular, única e íntegra, desviándose de las odiosas comparaciones, que no tienen un efecto real en el progreso  del alumno,  pueden convertirse en un elemento de real apoyo,  atendiendo a su vital relevancia, como señalábamos al comienzo. 

El discurso académico de hoy se resiste a la consideración de la evaluación según las  formas clásicas, sin embargo, su transmisión a los contextos reales es una tarea ardua.  Como habíamos dicho, es ardua pues debe considerar un aspecto cultural y otro político, respecto al segundo,  en la medida  que éste  alimenta las constantes mediciones en pruebas estandarizadas que terminan en comparaciones entre centros, aplicando la lógica de mercado a contextos educativos, trastoca aspectos que consideramos de relevancia en el proceso de enseñanza, dejándolos en segundo plano, condicionando de este modo la acción del establecimiento en función de los aspectos cuantificables a través de dichos instrumentos.   La acción desde las esferas políticas tiene un nivel de influencia capital en el desenvolvimiento de los centros; lo que sucede en ellos, los procesos de enseñanza aprendizaje, la evaluación, quedan a merced de lo que en estas esferas se decida, no obstante aceptamos que de modo paralelo, deban promoverse cambios en las estructuras sociales locales. No debemos realizar un gran análisis para comprender que sucede en concreto en evaluación, pues estas pruebas han llevado a los centros a preparar a sus alumnos para este casi único objetivo, a partir de ello podemos configurar el siguiente escenario: los sostenedores de los centros educativos necesitan resultado, lo que trascenderá en la manutención económica y de prestigio de la misma institución, transmiten esta necesidad a los directivos de establecimientos; éstos a su vez, lideran los objetivos de los Proyectos educativos y encausan las acciones a favor de la mejora en los resultados de las pruebas que se aplicarán, el equipo en pleno, es promotor de esto antes los docentes y estos, a su vez, lo transmiten a alumnos y apoderados: la comunidad toda hace eco de estos objetivos incuestionables. Sin embargo, he de considerar, la resistencia que subyace en un buen grupo de docentes o a veces quienes no lo son, quienes perciben y comprenden, que algo no anda bien. Los cambios que han de generarse para la mejora educativa, pasan por la evaluación y las medidas que nazcan a nivel político, fijar la atención en el malestar y los cuestionamientos que estas formas de evaluación de los aprendizajes a nivel nacional generan en quienes viven el día a día, es un aspecto importante de considerar a la hora de replantear nuevas propuestas.

lunes, 14 de enero de 2013

http://www.youtube.com/watch?v=jYjiP3fzuGM

El siguiente video "El examen de Ana" fue elaborado por un grupo estudiantes de 4to. Año del Centro Regional de Profesores del Sur (Atlántida, Argentina), en el marco del un Seminario de Ética y Deontología Profesional. En este caso se presenta al docente ante el problema ético de la evaluación.  Tras ver el video queda la pregunta para quienes ejercemos la docencia, ¿cómo hubiesemos actuado ante  este caso?,  no se necesita mucho tiempo de experiencia para encontrarse con situaciones similares que van más allá del plano teórico en el que hemos sido formados.   Al incorporarse al trabajo escolar, el docente asume los modos y criterios de evaluación tradicionales, pero son instancias como la del video que lo pueden llevar cuestionar el sentido real de la evaluación, corrientemente transformada en calificación,  y lo determinante que pueda ser ésta para la situación particular del alumno.  La reducción de la evaluación a una graduación numérica que pretende determinar cuantitativamente cuanto sabe o no la alumna, se contrasta por tanto con la realidad particular de ésta que va más allá de ese último examen.