jueves, 28 de febrero de 2013

El uso del portafolio para la evaluacion docente



EL USO DEL PORTAFOLIO PARA LA EVALUACIÓN DOCENTE

Comprendemos el portafolio docente como un instrumento de formación y desarrollo profesional, en el que se debe dar muestras, por tanto, de dicho proceso a través de una serie de evidencias.  Es así que  Fernández March señala que todo portafolio docente debe considerar “información seleccionada sobre las actividades relacionadas con la enseñanza del profesor o la profesora y una sólida evidencia de su efectividad (que) deben estar documentadas con una evidencia convincente…, la realización del portafolio docente deberá basarse en una evidencia empírica firme” (2004, p.131).   Siendo un instrumento elaborado por el mismo maestro, tales evidencias permiten destacar y demostrar sus propios conocimientos y habilidades para la enseñanza, del mismo modo el portafolio es un medio de reflexión que  permite realizar una autocrítica del propio trabajo y evaluar la eficacia de la enseñanza que imparte, asimismo como las interacciones interpersonales con sus pares y sus propios  alumnos (Doolittle, 1994).   Se puede concluir  a partir de lo anterior que existen dos aspectos sustantivos en torno al cual gira el portafolio docente, la muestra del desempeño a quien necesite  conocerlo  y el desarrollo profesional  a partir de la auto-reflexión del propio profesor.    Es por ello que la utilización del portafolio conlleva ambos sentidos y es considerado, por lo tanto,   en el plano de la acreditación y  la toma de decisiones en la promoción profesional, en este sentido genera algunos desafíos para favorecer la mejor relación entre dichos objetivos y el sentido que éste instrumento posee para el docente en particular.  

Existen investigaciones que evidencian los beneficios que posee este instrumento en la evaluación docente.  Un estudio de Tucker et al. (2004) considera de significancia el uso del portafolio para dicho objetivo, concluyendo que este instrumento es mucho más completo y efectivo que la sola observación de aula para evidenciar el desempeño docente, recalcando que en él pueden conjugarse el desarrollo profesional significativo y la rendición de cuentas, sin embargo encuentran dificultades en el tiempo para su desarrollo.  Atinello et al. llegan a similares conclusiones a partir de  una investigación realizada con profesores de primaria en establecimientos de contextos rural/suburbano en Estados Unidos, destacando que “si se implementa y apoya como parte del sistema de evaluación multidimensional, el portafolio tiene el potencial de promover una cultura profesional del educador reflexivo y auto-dirigida con un claro sentido de propósito y de ser un vehículo para que los administradores obtengan una imagen más precisa y completa del rendimiento del profesor” (2006, p.150), pero asimismo haciendo ver las dificultades que genera la falta de tiempo para su desarrollo.  Como vemos son dos conclusiones análogas y que motivan a indagar en las mejoras para la mejor aplicación del portafolio en el ámbito docente.  

Creemos finalmente, que las dificultades no se circunscriben al instrumento en sí, sino que a las condiciones en el que este se lleva a efecto, pues el portafolio demuestra ser un elemento útil a la hora de observar lo deseado en la acción profesional docente, siendo muy flexible en su adaptación a los requerimientos de cada contexto, pero careciendo dichas realidades de la posibilidad de su fusión con el quehacer educativo cotidiano que le permitan aprovechar de mejor modo todas las ventajas que ofrece.  En el caso particular de las investigaciones se cuestiona la carencia de tiempo que creemos es una situación de la cual adolece asimismo nuestro sistema de evaluación docente en Chile, se hace claro, por lo tanto,  la necesidad de buscar los modos de favorecer dichos espacios de tiempo que creemos tiene dos vertientes, en primer lugar la redistribución  de espacios de tiempo en el quehacer docente en la institución, lo que conlleva a una revisión de las actividades globales de un establecimiento en cuanto a su efectividad, es decir de aquellos espacios de tiempo que puedan ser poco o mal utilizados, sean actividades planificadas o no; en segundo lugar, es indispensable convertir el uso del portafolio en una práctica aceptada por los docente, para ello es indispensable considerar el sentido original del portafolio, creemos que una evaluación vertical, originada y dirigida desde altos niveles de gobierno, por ejemplo, no logran ser aceptadas por la comunidad docente, sino que esta debe, idealmente, generarse a partir de los contextos locales, permitiendo así que el uso del portafolio docente se acerque de mejor manera a los intereses reales de desarrollo profesional esperados por la institución y deseados por el mismo docente.


Referencias


Attinello, J. R., Lare, D., & Waters, F. (2006). The value of teacher portfolios for evaluation and professional growth. NASSP Bulletin, 90(2), 132-152. Recuperado el 28 de febrero de 2013.  En: http://mkoehler.educ.msu.edu/capstonesp2012/files/2011/03/AttinelloEtAl2006.pdf


Doolittle, Peter (1994). Teacher portfolio assessment. Practical Assessment, Research & Evaluation, 4(1).  Recuperado el 27 de febrero de 2013. Disponible en: http://PAREonline.net/getvn.asp?v=4&n=1

Fernández March, A. (2004). El portafolio docente como estrategia formativa y de desarrollo profesional. Educar, 33, pp. 127-142. Recuperado el 28 de febrero 2013.  Disponible en: http://ddd.uab.cat/pub/educar/0211819Xn33p127.pdf

Tucker, P. D., Stronge, J. H., Gareis, C. R., & Beers, C. S. (2003). The efficacy of portfolios for teacher evaluation and professional development: Do they make a difference?. Educational Administration Quarterly, 39(5), 572-602.  Recuperado el 28 de febrero de 2013. Disponible en:  http://www.academia.edu/227882/Difference_The_Efficacy_of_Portfolios_for_Teacher_Evaluation_and_Professional_Development_Do_They_Make_a



martes, 26 de febrero de 2013

Bibliografía sobre portafolio docente


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Barberà, E. y de Martín, R. E. (2009). Portfolio electrónico: aprender a evaluar el aprendizaje. Barcelona: UOC.
Bird, T. (1997). El portafolios del profesor: un ensayo sobre las posibilidades. En J. Millman y D. Hammond (Eds.), Manual para la evaluación del profesorado. Madrid: La Muralla. pp. 332-351.  
Cano, E. (2005). El portafolios del profesorado universitario. Un instrumento para la evaluación y para el desarrollo profesional. Barcelona: Octaedro-ICE.   
Cisneros, E., Bustillos, M. E. y Canto, P. (2007). El portafolios como instrumento de evaluación docente. México: Universidad Autónoma de Yucatán.       
Cordero, G. (2002) Consideraciones generales sobre el uso del portafolio en Educación Superior. Acción Pedagógica, v. 11(2). pp. 76-83. Consultado 20 Febrero 2013. Disponible en: http://www.saber.ula.ve/bitstream/123456789/17163/1/articulo8.pdf
Fernández, A. (2004). El portafolio docente como estrategia formativa y de desarrollo profesional. Educar, 33, pp. 127-142. Consultado 15 Febrero 2013. Disponible en: http://ddd.uab.cat/pub/educar/0211819Xn33p127.pdf            
Frida, B., Pérez, Mª. (2010). El portafolio docente a escrutinio: sus posibilidades y restricciones en la formación y evaluación del profesorado. Observar, 4. pp. 6-27. Consultado 15 Febrero: 2013. Disponible en:http://www.odas.es/site/new.php?nid=24    
Johnson, R.,  Mims-Cox, J. y Doyle-Nichols, A. (2006). Developing porfolios in education. A guide to reflection inquiry, and assessment. Londres: Sage Publications
Lyons, N. (comp.) (1999). El uso de portafolios. Propuestas para un nuevo profesionalismo docente. Buenos Aires: Amorrortu.
Martin-Kniep G., (2001), Portfolios del desempeño de maestros, profesores y directivos. La sabiduría de la práctica. Buenos Aires. Paidós.
Matero, J.  y Martínez, F. (2005). L’avaluació alternativa dels aprenentatges.  Quadernos de docencia Universistaria, 3. Barcelona: ICE- Universitat de Barcelona.
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Shulman, L. (1999). Portafolios del docente: una actividad teórica. En Lyons, N. (comp.). (1999). El uso de portafolios. Propuesta para un nuevo profesionalismo docente. Buenos Aires: Amorrortu. pp. 44-62.
Wray, S. (2008).  Swimming Upstream: Shifting the Purpose of an Existing Teaching Portfolio Requirement. The Profesional Education, v. 32 (1). pp. 44-59. Consultado 20 Febrero 2013. Disponible en: http://www.eric.ed.gov/PDFS/EJ802013.pdf


martes, 19 de febrero de 2013



VENTAJAS EN EL USO DE LAS RÚBRICAS PARA LA EVALUACIÓN DE COMPETENCIAS
La evaluación por competencias requiere de diversos instrumentos evaluativos que permitan la observación de los aprendizajes a un  grupo diversos de agentes.  La observación sistemática es un elemento sustantivo  a la hora de evaluar y  entre los instrumentos que mejor responden a dicha necesidad se encuentra la rúbrica.  En las propuestas de evaluación de competencias se considera este instrumento por sus particularidades.
Las rúbricas, por su carácter integral y formativo en evaluación, han sido utilizadas muy utilizadas. Estas permiten medir el nivel de una competencia en un momento determinado y a través del proceso educativo, en una escala de graduación de desempeños que van desde los más básicos a la expresión consistente y completa de la dimensión del aprendizaje propio de una competencia.
La rúbrica puede evidenciar el proceso de formación del alumno, más allá de la sola calificación, en aspectos más globales; es una forma de constatar cómo está aprendiendo el alumno y pueden tener un efecto generador de compromiso, sintiéndolo como un desafío para la mejora.
Las rúbricas asimismo son versátiles a la hora se su aplicación en diversas situaciones educativas y tienen como particularidad la mejora del instrumento con la participación del mismo alumnado, lo que permite generar instrumentos más transparentes, representativos,  democráticos y de mayor validación.
El uso de rúbricas no es exclusivo del profesor, pues tanto la autoevaluación como la evaluación entre pares es un elemento al que se puede (y debe) recurrir a la hora de ampliar los beneficios y el mejor cumplimiento de los objetivos que se espera de un proceso de enseñanza-aprendizaje.
Entre algunas de las ventajas de la aplicación de las rúbricas podemos destacar:
a-      Es más objetiva, pues es reconocida por todos.
b-      Es clara en el sentido que los alumnos saben lo que el docente desea conocer como aprendizaje en los alumnos.
c-       Facilita la descripción de los niveles de logro que se espera del estudiante.
d-      Es justa en la medida que los alumnos conocen los criterios de evaluación.
e-      Define bien los aspectos débiles y las potencialidades que presenta el alumno tras la evaluación, lo que favorece el feedback.
f-       Promueve la responsabilidad en el alumnado.
g-      Son fáciles de elaborar y aplicar.
h-      Es promotor del pensamiento crítico del alumnado.

Referencias
Cano, E. (2008). La evaluación por competencias en la educación superior. Profesorado: revista de currículum y formación del profesorado, 12(3), 11.
Martínez-Rojas, J. G. (2008). Las rúbricas en la evaluación escolar: Su construcción y su uso. Avances en medición, 6, 129-138.
Urbieta, J. M. E., Garayalde, K. A., & Losada, D. (2011). Diseño de rúbricas en la formación inicial de maestros/as. Revista de Formación e Innovación Educativa Universitaria. Vol, 4(3), 156-169.
Torres, M. J. M., Lirio, J. M. R., Olmedo, E. E., Soriano, R. L., Ferrero, I. F., & Izquierdo, M. Á. F. Aplicación de las rúbricas de evaluación en la docencia on-line.
Villardón Gallego, M. L. (2006). Evaluación del aprendizaje para promover el desarrollo de competencias. Educatio siglo XXI, 24.

miércoles, 13 de febrero de 2013

EL SIMCE Y LA COMPETITIVIDAD

La prueba estandarizada SIMCE (Sistema Nacional de Evaluación de resultados de Aprendizaje del Ministerio de Educación de Chile)  nace en 1988, con ciertas modalidades que la antecedieron.   Los resultados inicialmente no fueron públicos sino hasta siete años después.  Entre sus objetivos iniciales, aparte de la generación de información para la toma de mejores alternativas para los establecimientos,  se encontraba el de entregar información que ayudara los padres y apoderados a tomar la decisión del mejor establecimiento para su hijo con el objetivo de mejorar la  calidad de la oferta educativa  a partir de la competencia, esto es utilizando estrategias del libre mercado (Ortiz, 2010); es por tanto una prueba censal, en el entendido que pretende entregar una muestra global del estado de la educación de los estudiantes en un momento determinado.   Una investigación empírica del economista  Francisco Gallego, basado en información de fines de los noventa, concluía que la competencia es significativa y positiva  en la productividad de los colegios (2002), explicando asimismo que si los colegios municipalizados hubiesen reaccionado del mismo modo ante los resultados Simce como lo hicieron establecimientos subvencionados, la brecha entre ambos se hubiese reducido significativamente.  Esta idea es bastante cuestionada especialmente en los círculos del profesorado y entre  investigadores en educación, quienes critican diversos aspectos del instrumento y el procesos, especialmente la utilización de los resultados.  Ortiz Cáceres (2012) concluye efecto negativos de la prueba a partir de la competencia: la migración a establecimientos educacionales particulares y particulares subvencionados de parte de estudiantes de establecimientos pùblicos, por una parte, como un fenómeno que se generó desde sus orígenes y la limitación de la posibilidad de este tipo de cambio por parte de familias con escasos recursos, para quienes los resultados del Simce no tienen mayor relevancia, en la medida que no tienen muchas opciones al respecto.  El mismo autor critica además el desbalance en la utilización de la información, por cuanto no ha servido a profesores en la misma medida que a investigadores, padres y apoderados; señala que la oportunidad de la medición por niveles de logro puede ayudar al respecto, no obstante no se ha evidenciado aún.  Finalmente señala las dificulades que existen respecto a las politicas educacionales del país que han favorecido la segmentación social, restando validez al Simce como instrumento de evaluación, pues termina reflejando la calidad del capital cultural más que la relación entre los resultados y la experiencie educativa en el establecimiento.
El fenómeno de aproximación de la educación a las normas del mercado no son una exlusividad de nuestro país, sin embargo, entre las diferentes variantes, ha tomado sin duda una posición más extrema que es por hoy cuestionada y en este sentido en el Simce se ha depositado la confianza en la orientación que ha de darse a la educación nacional, es por ello relevante el estudio profundo como instrumento y los alcances y efectos que este tiene, pero asimismo, las políticas de mayor amplitud que  mueven la educación deben ser también  atentamente observadas.



Referencias





Eyzaguirre A., Bárbara y Loreto Fontaine C. ¿Qué mide realmente el Simce?  Estudios Públicos, 75 (invierno 1999).
Gallego, F. A. (2002). Competencia y resultados educativos: Teoria y evidencia para chile. Cuadernos De Economía, 39(118), 309-352.

Ortiz, Iván. 25 años del Simce. Universidad Alberto Hurtado y Centro de Investigación y Desarrollo de la Educación. 2010. Recuperado el 4 de julio de 2011 .En mailing.uahurtado.cl/cuaderno_educacion_25/.../ARTICULO_25.pdf

Ortiz Cáceres, I. (2012). En torno a la validez del sistema de medición de la calidad de la educación en chile. Estudios Pedagógicos (Valdivia), 38(2), 355-373.

¿Para qué sirve el Simce?  Mineduc.  http://www.simce.cl/index.php?id=286&no_cache=1